06 mayo 2009

21K....de paseo por el Este.


Más de una vez me han dicho: “no hay lesiones, hay lesionados”. Algo debe tener de cierto.
Mi dolor en el tendón de Aquiles comenzó con mi primera corrida de 15 K como preparación para la media de Punta, ya internamente me imaginaba que este dolor iba a desaparecer solo después de correr los 21K el domingo 3 de mayo.
Y así fue, pasadas más de 48 hs de cruzar la meta no he sentido ninguna molestia en el maldito tendón.

Luego del mal rato que pasé al finalizar la ½ de Piriapolis hace unos meses, cuando luego de cruzar la meta termine en el piso a punto de desvanecerme, pienso que algún temor inconsciente se escondió en mi cabecita, y se vino a manifestar ni bien encaré el enfrentar nuevamente esta distancia.

Uno va aprendiendo que, como en la vida, correr sin dolor no existe, hay que seguir adelante pese a todo, para poder cumplir con nuestros desafíos. La media de Punta del Este se convirtió para mí de ser una carrera para mejorar una marca, a ser una carrera para superar una lesión.

Con muy poca preparación la idea era olvidarse del reloj y cuidarse lo más posible para no resentirse. De todos modos el orgullo no me iba a permitir pasar por la meta por encima de las 2 horas. Corrí mi cuarta ½ Maratón con el objetivo de llegar por debajo de ese tiempo y lo logré por tres minutos menos; siete más que mi mejor tiempo en la distancia, pero eso poco importó.



Al llegar refresque con hielo a Aquiles previendo que en las horas posteriores me iba a doler, luego visité la playa donde me sumergí en las cristalinas y saladas aguas de la península, lo que se convirtió en una de las partes más disfrutables del viaje.

Pasan las horas, las molestias y dolores desaparecen, quedan los recuerdos de cada uno de los minutos y kilómetros recorridos, queda esa necesidad que nos caracteriza, a pesar del cansancio, de volver a vivirlo otra vez.

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