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El maestro Julio Castro murió de un balazo en la cabeza, fuertemente maniatado y con un alambre en los tobillos, según el informe de la junta médico forense que trabajó con sus restos. Además, se constató que el disparo fue realizado por una tercera persona y “un fragmento de costilla con fractura” permite establecer que sufrió “apremios físicos asociados al momento de la muerte”.
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Otra sobre Aurelio González.
Ayer en la Fotogalería a Cielo Abierto del Prado, se inauguro la muestra "Entre el oficio y la militancia", del chileno Luis Navarro y el uruguayo Aurelio González, sobre quién escribí algo en la entrada anterior.
Llegué algo tarde, pero aún el sol primaveral permitía disfrutar el paseo y ver buenas fotos sobre la historia reciente de Chile y Uruguay.
Por allí estaba Aurelio, autor y protagonista de varias de esas fotos, alguién le pregunto algo y en pocos segundos eramos muchos los que lo escuchabamos. Otra muestra más sobre el amor y la pasión de la fotografía.
Aurelio González fue fotógrafo del diario El Popular desde 1957 hasta su clausura el 30 de noviembre de 1973. Sus fotografías de la huelga general de 1973 se convirtieron en símbolos de lucha y denuncia contra la dictadura uruguaya.
El archivo fotográfico de El Popular, que González escondió en 1973 en el Edificio Lapido, donde funcionaba el diario, fue recuperado recién, en enero de 2006. Más de 48.000 imágenes de una convulsionada época del país fueron rescatadas tras más de una década de búsqueda.
En la tarde de ayer, en la pantalla del IMPO se emitió el documental "Al pie del árbol blanco" que narra la historia de la búsqueda y posterior encuentro de ese trocito de historia.
Aurelio presento tímidamente y con muy pocas palabras el documental y luego se hizo a un lado sentándose en un banco bajo un árbol algo alejado de la platea improvisada.
Cuando la exhibición terminó el ya no estaba, aunque su historia y su amor a la fotografía quedo rondando entre los presentes.
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Encuentro Murga Joven en el atrio municipal, hoy había un taller de maquillaje, las caras pintadas invadieron todos los lugares, aunque algunos estaban muy concentrados en sus cosas y ni se enteraron.
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La ansiedad se respira en el aire, más allá del resultado Montevideo y su gente está a 24 hs de llenar nuevamente las calles, igual que hace un año cuando casi con sorpresa veíamos y festejabamos que en materia de fútbol resurgíamos de las cenizas.
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En esta época del año Villa La Angostura debería estar cubierta por la nieve y sus paisajes inundados de color blanco.
Hace unos meses en plena primavera, pude conocer este maravilloso lugar con la excusa de correr por sus montañas, lamentablemente las cenizas del volcán chileno Puyehue han tapado todo, transformando el paisaje como se ve en estas fotos.
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El descanso es parte importante del entrenamiento, los corredores con más experiencia lo tienen bien claro, y no pierden oportunidad de ponerlo en práctica, ya sea antes o después de cada carrera. Si encuentran un lugar comodo, y mientras escuchan algo de fútbol, mucho mejor.
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Siempre hay un momento para todo, hace 8 meses me toco correr entre montañas, nieve y paisajes inolvidables, esta vez el desafío es otro, llevar el cuerpo a otra exigencia, parecida pero distinta.
El juego mental es otro, no habrá paisajes desconocidos ni montañas que obliguen al descanso y la distracción en la carrera, son casi 4 horas, si todo sale bien, de esfuerzo continuo y monótono, el secreto estará en buscar concentrarse en el objetivo.
El “City tour”
Un minuto para la largada, un compañero de UF me pregunta a cuanto voy a correr, le contesto lo primero que se me ocurre: “entre 5’15 y 5’20”, no saque muchas cuentas del ritmo ideal de carrera, mi plan es que sea tan cómodo que me permita conocer la ciudad en menos de 4 horas.
Largamos… no quiero complicarme sacando cuentas y busco a uno de los “Pacers”, quienes con remeras naranja fluo y sus cartelitos son fáciles de ubicar, elijo al más parecido a Forrest Gump, con gorrito blanco, pelo largo y barba. Vi esa película varias veces antes de ser corredor, algo debe significar, su cartelito dice “3hs 40”
Comienza la recorrida por la ciudad, ingresamos a un hermoso parque, con lago y lanchitas como las del Parque Rodo, y muchos árboles… muchos árboles, no tengo más remedio que detenerme detrás de uno intentando demorar lo menos posible, a pesar de los guantes logro ser rápido, y en unos pocos segundos estoy nuevamente en carrera. Varios corredores siguen mi ejemplo y visitan los árboles del parque incluso una señorita se detiene y busca uno mientras se deshace por un instante de sus molestas calzas.
Kilometro 18, nos acercamos a la zona de largada, más público alentando y alguien que grita mi nombre, reconozco las mismas caras que veo los domingos en las carreras de la Agrupación y eso también reconforta.
La mente está despejada, los músculos no protestan y sigo conociendo los barrios de Rosario.
Ahora es una rambla arbolada y empedrada, necesito parar nuevamente, apuro el paso y adelanto al pacer para que no se me aleje demasiado durante ese momento, repito la misma operación de unos kilómetros antes tras un arbolito y salgo veloz a su encuentro…., pero no lo encuentro.
Por unos segundos me desespero, no lo veo adelante, no lo veo atrás, “no puede estar tan lejos”, “¿Cuánto tiempo paré?” Veo un cartelito, pero….. lo lleva una mujer, bajita, de buzo blanco, de lejos no distingo que dice el cartel y apuro el paso mientras me rezongo por haber perdido a Forrest.
Cuando me acerco veo que el cartel dice “3hs 40”, pregunto si cambió el pacer y me responden que “paró a regar un árbol”, me quedo tranquilo, en unos minutos todo vuelve a la normalidad.
Los kilómetros siguen pasando, la ciudad, desconocida para mí, me distrae; en el ida y vuelta veo compatriotas, a todos les grito y saludo, si puedo hacerlo es señal de que voy bien.
Paso el 30 y presto atención al cuerpo, por ahora todo bien, el pacer desaparece de nuevo, pero lo tomo con más calma, siento deseos de apurar el paso pero me contengo, aún falta mucho.
Kilometro 34, ya el camino es de regreso hasta la meta, comienzo a pasar gente, alguien me pregunta cómo voy: “asustado de lo bien que me siento”
Kilometro 36, pienso en apurar el paso y despegarme del pacer, por temor a que me alcance más adelante no me despido y me voy adelantando poco a poco.
Kilometro 42…. lo disfruto, un túnel humano te recibe, te grita y te alienta, las emociones hacen fuerza por salir, escucho una voz detrás de una cámara que dice mi nombre justo antes de pasar el arco y es el momento más feliz de esos 42195 metros. Detengo el reloj, aprieto mi bandera y busco tras las vallas a quien me acompañó, aconsejó y confió en que podía lograrlo.
Un fuerte y largo abrazo es el cierre perfecto para 3 horas 38 minutos de carrera.
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La petaca de whisky prestada ayuda a darle compañía a los últimos pasos antes de llegar al refugio de mi soledad.
Ya van años de este modo de vida, con largas noches entre amigos, con tiempo para disparar mi cámara en los momentos y los lugares que quiero. Nada es gratis, he tenido que renunciar a cosas muy valiosas como el tiempo con mis hijos, pero ellos se han adaptado y pese a mi dolor, yo también. Hoy la calidad del tiempo compartido es inversamente proporcional a las horas invertidas para estar con ellos y eso nos ha ayudado a crecer juntos.
Llego, el escritorio me espera y mi PC se enciende, reflejo automático de mi necesidad de escribir lo que siento. No importa la hora, no importa el día ni el lugar, estoy aquí…. vivo..... con el cuerpo fresco, con energía para superar lo que se interponga por delante, estoy entrenado para lo que venga.
Sean 10, 21 o 42 kilómetros, mi alma esta pronta, son 36 años de entrenamiento, con buenas y malas experiencias.
Fui rico, fui pobre, tuve amigos y me sentí en soledad, perdí mi creatividad y la recuperé sin darme cuenta. Comí en las mejores mesas y también sentado en la vereda, supe de la incertidumbre de no tener un peso para alimentar a mis hijos y viví la tranquilidad de verlos crecer rodeados de amor.
La vida es eso, hoy tengo lo que lo ayer me faltó y lo que mañana seguramente me falte otra vez. Un ir y venir, un subir y bajar, si todo fuera en línea recta nada tendría sentido.
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Dicen que la rambla es uno de los paseos más democráticos para los montevideanos, accesible y disfrutable para todos.
Claro, siempre hay algunos que piensan que es de su uso exclusivo, como algunos corredores que no logran comprender como en las tardes de verano tanta gente no tenga otro lugar a donde ir.
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Hoy recordé que hace un año escribía y publicaba algunas fotos sobre la celebración en Montevideo del día de la Virgen de Lourdes, como creo que sigue vigente lo vuelvo a compartir, con las fotos de ese momento y algunas de este año.
Cuando tenía 5 o 6 años, los 11 de cada mes, mi abuela me llevaba en un largo viaje en ómnibus hasta la Gruta De Lourdes. Por supuesto que yo no comprendía el motivo, pero tampoco me lo cuestionaba, era un paseo distinto y lo disfrutaba.
Ya en los últimos años de su vida no pudo continuar con esa costumbre, la última vez que pudo ir, hace muchos años, fui yo quien la llevo a ella, esta vez el viaje no fue en ómnibus, ni siquiera la fecha era un 11, pero creo que disfrutó el paseo como antes lo hacía yo.
Luego de mi niñez, volví varias veces a este lugar, quien sabe si esa costumbre inculcada por la vieja, dejo alguna marca en mí, lo cierto que el lugar tiene algo especial, algo que encuentro en esos lugares donde la gente deposita sus esperanzas y donde me parece notar que circula una energía distinta.
El 11 de febrero de 1858, dicen que la Virgen se le apareció por primera vez a una niña de nombre Bernadette, que muchos años después de su muerte sería canonizada, convirtiéndose en Santa Bernardette o Bernardita como la conocemos por estas latitudes.
Este 11 de febrero en una tarde calurosa, emprendí el viaje, bastante más corto de lo que recordaba de niño, en un ómnibus repleto de gente con el mismo destino.
Esta vez llegué con mi cámara, y con el único objetivo de retratar lo mejor posible la festividad.
Entre foto y foto observé los papelitos doblados y apretados entre las rocas de la gruta, cada uno con un pedido importante para su remitente. Cada flor, cada vela encendida, es un pedido, es esperanza, es fe.
Mientras leía cada una de las plaquetas agradeciendo que la gente pega en una pared, los recuerdos se mezclaban en mi mente.
Este es el resultado.
Bonus Track: Elumbé 1er Premio 2011
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Edificio de Andes y 18 de Julio, hoy en la mañana. Parece que a uno de tres ladrones lo agarraron infraganti en uno de los apartamentos. No tuvo mejor idea que destrozar todo, cortarse, y amenzar con tirarse por la ventana.
Resultado, despliegue de bomberos, corte de tránsito por varias horas y un espectáculo para los peatones camino al trabajo.
Así esta el mundo amigos.
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El carnaval ya está al alcance de la mano, las noches de ensayo siguen siendo la mejor opción para los montevideanos que veranean en la capital. y también un buen negocio para ver algo de cada conjunto sin gastar demasiado. El olorcito a choripan nos invade y tardará un par de meses en retirarse.
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Me costó un poco sentarme a escribir sobre esta carrera, tal vez porque no fue una carrera más, no solo por ser la más larga que he corrido sino por ser la que más tiempo, casi medio año, estuvo en mi cabeza.
Una vez comenzado el relato, me di cuenta que llevaba 5 hojas escritas, demasiado para no aburrir, así que decidí hacer un recorte e ir directamente a lo importante publicando el capítulo que habla de la carrera.
Para otro momento quedaran las anécdotas del viaje, o las posteriores a la carrera, como la caminata “para aflojar” del día posterior a la K42 que duró 4 horas y media, y merece una crónica aparte.
La Carrera
Los kilómetros se van sumando, los atascos de los primeros kilómetros desaparecen pronto y se puede empezar a trotar entre los árboles, cada tanto el ruido del agua se siente fuerte y vuelve a desaparecer, algunos carteles indican los puestos de hidratación y alguna que otra subida, ya en algunos tramos no queda otra que caminar.
El primer cruce importante de agua y mi pie derecho queda totalmente mojado y congelado, tardo algunos minutos en drenar el agua y varios en lograr que el pie entre en calor, seguimos subiendo.
Seguimos subiendo.
Detrás de unos árboles se sienten voces, varios fotógrafos nos retratan con un paisaje espectacular a las espaldas, saco otra vez la bandera y el aliento para los “Yorugas” es más fuerte, subimos un poco más, la vista es espectacular, tengo que parar, sacar una, dos, tres fotos, el señor de la Cruz Roja nos saca a los dos, que carajo importa el tiempo. Estamos casi en la cima del Cerro Belvedere a 1090 metros de altura, van 10k de carrera en casi 1 hora 40 minutos. El cuerpo responde al entrenamiento, el cansancio no aparece.
Empieza la bajada!!!, las piernas no pueden parar, el corazón se acelera, no por el esfuerzo, sino por el disfrute de bajar siguiendo un trillo sinuoso y casi vertical, volvemos a pasar cerca del agua, siempre ruidosa, siempre cristalina, siempre fría.
Veo a mi compañera correr delante de mí después de un mes sin poder trotar, la adrenalina es tanta que el dolor se tolera, está feliz, y yo también.
Continúa la bajada y los cuádriceps empiezan a sentir el golpeteo de la bajada, ¿estaré loco?, hasta ese dolor es disfrutable. Por momentos el terreno es más plano, cada vez más plano, luego de unos kilómetros se convertirá en una interminable subida.
La gente alienta, los fotógrafos hacen la suya, los de la cruz roja preguntan en cada puesto si vas bien, los caminos se transforman en trillos, y los trillos en caminos, casi siempre en subida, esperas un tramo llano para correr un poco, pero los llanos son cortos y siempre terminan en una subida empinada.
K21, empiezo a ver caras desencajadas cerca de mí, ¿cómo pueden estar fundidos y yo me siento tan bien?, escucho a alguno parar y decir que no sigue, yo sé que estoy bien y cada vez más seguro que nada nos detendrá hasta llegar a la meta.
K23, puesto de frutas, nos dan geles y gatorade. Veo gente en el piso acalambrada, fundida, yo no quiero parar, repongo la caramañola, como algo, me tomo el gel, y seguimos.
Comienza una subida constante de 3 km con un ascenso positivo de 520 mts, miró hacia arriba y veo un camino en zigzag de camisetas rojas, todos caminan, se me pasa por la mente trotar un poco, me siento con fuerzas, pero razono y prefiero no matarme y sacar fotos.
Nos lleva unos 40 minutos la bonita subida, los últimos 800 metros en una pendiente de casi 70 grados por arena volcánica suelta, los pies se hunden, un paso a la vez, duele, cansa, cuesta respirar, pero … también se disfruta.
Llegamos a la cima del Cerro Bayo, 1500 metros de altura, nuestros lentos pasos le permiten al fotógrafo de turno, que está muy bien ubicado, sacarnos varias fotos. La nieve está más cerca y hay tiempo para tocarla, tengo 36 años y es la primera vez que puedo hacerlo, me permito esa licencia y por unos segundos vuelvo a ser niño y juego con ella.
Todo lo que sube baja, y de vuelta disfrutamos la bajada, aunque el dolor en los cuádriceps es cada vez más fuerte.
La vista de la Villa es ideal, parece que estamos cerca, pero aún nos quedan más de 10 kms. , casi todo en bajada, pero cada tanto para no perder la costumbre, parece que por gusto, nos encontramos con alguna subida.
(Advertencia: a partir de este momento el grado de dulzura del relato puede resultar perjudicial para diabéticos, siga leyendo bajo su responsabilidad.)
Km 37, no queda nada. Mi compañera se da cuenta, recién en este momento, que va a poder terminar, la miro y bajo sus lentes se asoman algunas lágrimas, siento el impulso de darle un abrazo, pero vaya a saber si por machismo, le digo que si paro y lo hago, es difícil que lleguemos.
Recorremos los últimos trillos, se ve el cartel de los 40K, me siento estupendo, disfruto ese último contacto con el bosque y la montaña, los últimos metros son ya en las calles de la villa, el apoyo de la gente se siente más cerca, vuelvo a sacar la bandera.
Pienso en estos últimos 5 meses, en las carreras que deje de correr, en los amigos que deje de ver, en las cervezas que no tomé, y en las noches que no compartí.
Pienso en mis hijos, en las horas que les robé: ¿”porque corres todos los días?; en los temores que les generé: “tengo miedo que te pase algo”; en las preguntas que respondí: “¿Cuántos son 42km?”
Última curva, escuchamos a un compañero de equipo que grita nuestro nombre y alienta a los uruguayos.
Miro a quién viene a mi lado hace 42km, se que está bien, se que venció al dolor y logro su objetivo. Tomo su mano, “esto lo empezamos juntos, y lo terminamos juntos”
Cruzamos el arco y pasamos bajo el reloj.
© Tubino
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Sin palabras para explicar lo que se siente, cruzar la meta es solo otro comienzo.
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En la cuenta regresiva... a 13 días.
Más de 1000 kms corridos en 5 meses, 6 kilos menos, cansado, tranquilo, y convencido que la mente puede lograr lo que te propongas.
Ahora a subir esa montaña.
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Recorro Montevideo caminando una y otra vez por sus veredas de baldosas grises, y en un rincón mientras saco una foto recuerdo un poema de Benedetti:
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Cuando niño el festejo de mis cumpleaños se limitaba a una simple reunión familiar (abuela, madre y dos hermanos), no había niños, ni magos, ni animadoras, a veces ni siquiera torta.
Varias sesiones con mi psicólogo me ayudaron a superar el trauma, pero algo debe seguir rondando en mi cabeza que a esta altura de mi vida sigo buscando la oportunidad para tener una fiesta de cumpleaños todas las semanas.
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Mas fotos aquí
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En el siguiente link 40 imágenes más:
Oktoberfest 2010 - The Big Picture - Boston.com
Luego por las dudas, no maneje.
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Mientras algunos comercios ofrecen nuevos servicios para la comodidad de sus clientes, mi cámara sigue viendo algunas imagenes cada vez más comunes, y mis ojos tiene miedo de acostumbrarse a ciertas cosas por las que deberíamos preocuparnos más.
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Volvé a jugar - Martina Gadea
"...solamente cuando el viento sopla en contra tuyo vos sentís tu piel brillante y respiras bien hondo..."
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Tén cuidado, nunca se sabe de que lado puedes estar....
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No hay nada más sencillo que decir la verdad, en las cosas más simples, y también en las más importantes, aunque a veces nos encontremos con personas que prefieren ignorar la realidad cuando esta es dolorosa.
Escuchar el consejo de quienes tienen un poco más de experiencia nunca está de más, al final del camino siempre nos damos cuenta que cierto es que "el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo".
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